Cinco Esquinas, una novela cien por cien Mario Vargas Llosa



De joven soñaba con ser uno de los personajes de las novelas de Mario Vargas Llosa o Isabel Allende: Lituma de los Andes o Humerto Naranjo, el amante bandido de Eva Luna.Me tiraba el sur como un polo magnético, con sus amores malditos y sus historias imposibles. Con ellos aprendí que había otros idiomas dentro del castellano, tan ricos como nuestro español y a la vez tan diferentes. Su prosa corrida, en el caso de Mario más abigarrada e imprevisible, y la cercanía de sus historias, tan lejos y tan cerca de mí, hacían que pasase noches blancas leyendo como un búho —siempre fui un bicho raro, nocturno—. Los personajes, cálidos y llenos de matices, me conmovían hasta el tuétano y me hacían reír de felicidad con sus logros o llorar con sus tragedias. También comencé a comprender parte de la historia de latino américa, y el sufrimiento y la capacidad de superación de sus gentes; en cierto modo, sus novelas contaban historias cotidianas marcadas por las circunstancias del entorno, pero también eran libros de Historia, la que no contaban en el colegio. Y, como no, comencé a darme cuenta de cómo era la naturaleza humana, un caleidoscopio de sentimientos y emociones contradictorias, capaz de lo mejor y de lo peor.

Que Don Mario es un monstruo de la literatura, eso nadie lo pone en duda —no lo digo por su premio Nobel—, y que a veces escribe como un demonio —como dicen en mi pueblo, con cariño—, tampoco. Tengo la curiosa teoría que de que en su dilatada carrera va alternando libros que se puedan leer con facilidad en nuestras latitudes —véase Lituma de los Andes, la Fiesta del Chivo o El Paraíso en la otra esquina—, con otras que son más complejas, por sus palabras y expresiones enrevesadas, y por sus retorcidos circunloquios —véase Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor o El héroe discreto—. Una para todo el mundo y otra para sus paisanos, como si fuera un regalo exclusivo y especial para latinoamerica, y para el Perú. Es solo una hipótesis no contrastada basada en una opinión personalísima. Cinco esquinas es de las segundas, para aquellos que gusten de catar a Mario Vargas Llosa en esencia pura.


En esta nueva novela, Don Mario regresa a una Lima oprimida bajo el yugo dictatorial de Fujimori, mostrando los tejemanejes del régimen, donde la corrupción, el marionetismo y las violaciones de los derechos humanos campan a sus anchas. La narración gira en torno a una realación erótico-festiva, muy sugerente, entre dos amigas de la alta sociedad limeña y un chantaje con tintes sexuales. Nos muestra la cruda realidad desde el punto de vista de personajes con perspectivas muy dispares, y habitando en nichos sociales muy diferentes: desde el acomodado empresario y su esposa florero, hasta la periodista de origen humilde que ha luchado toda su vida como una jabata para tener una oportunidad, y que se agarra con uñas y dientes a ella. En toda la novela el erotismo, en sus diferentes acepciones, desempeña un papel importante excitando al lector a continuar su tarea sin resuello.


Cinco Esquinas es una novela, en que las maniobras de la dictadura de Fujimori se superponen a una historia con tintes de comedia sexual, narrada con un ritmo ágil y endiablado, haciendo nos evadamos de nuestra realidad y nos centremos en la del libro. Es difícil que en tan pocas páginas pasen más cosas. Como he comentado, estamos ante Mario Vargas Llosa en su versión peruana más pura, de vuelta a sus raíces —como en El héroe discreto, que me pareció más novela y menos comedia—. No obstante, he de decir que la historia destila cierta improvisación durante toda la narrativa, pero siendo él, se lo puede permitir, al genio todo se le perdona, porque le sale de maravilla.

Nota final (dentro de la escala Vargas Llosa, que está fuera de categoría): *****



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